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Hispanic literature

Las sombras

Las sombras de Mariela Anastasio

Las sombras

Mariela Anastasio

I

Entre la maraña de edificios que se enrulan buscando el cielo, el andariego camina convaleciente. Lo hará por largas cuadras, acompañado solo por su sombra ennegrecida y algún perro en igual condición. Una a una, las luces de las ventanas se van apagando como coordinadas. Adentro la gente duerme, y la luna tenue los ilumina a todos por igual. Al vagabundo le colorea los pasos un poco, lo mece en silencio, mientras camina cansino buscando un lugar donde detenerse. Está mareado. Las luces de los faroles amarillos le parecen flashes de un lugar que se le destiñe. Un aire plateado recorre las calles y se le mete por la nariz, que exhala vapor etílico. A los pies no los siente. Las llagas y otras cosas más graves lo han entumecido. Las botas raídas ya son parte de su piel y lo conducen. Él se deja. Olvida por momentos dónde está. Ignora adónde va y de dónde ha venido. A veces recuerda cosas, pero prefiere pensar que son parte de un sueño o de una vida que ya no puede reconocer como suya. Así, sin pasado es más fácil vivir, contesta si le preguntan. Sólo él sabe de qué ha escapado y entonces prefiere que el camino que resta se le vaya presentando de a tramos, sin mañana, vacía su cabeza, como solo podría lograrlo un monje zen.
Da unas vueltas más, y llega a una esquina, a la que regresa, como si una inercia lo atrajera siempre a ella (o tal vez es él que piensa que se aleja y solo camina en círculos) Ahí algo muy suyo… un olor y unos cartones, y algunos recuerdos. Se acomoda en el hueco de una puerta negra de una casa abandonada. Se acurruca. La cabeza aplastada contra la chapa que duele, del otro lado nadie, y qué lástima. Le gustaría tener una cama, pero la calle es todo lo que tiene, este rincón, que cada vez que reencuentra, le parece que se lo ha cuidado Dios para que duerma.

II


Del garaje de una casa de Avenida Libertador sale expulsado un auto de alta gama negro. Del subsuelo, de las entrañas de la ciudad de Buenos Aires, emerge la nave de ébano que brilla y que pareciera burlarse con sus ojos de luces led. Sube y avanza a gran velocidad. En la madrugada fría navega solo y quién lo conduce corre como en una carrera. Le agrada la sensación… el olor del cuero del asiento, del perfume del lavadero, el tablero resplandeciente en la oscuridad. El calor del aire. Afuera hiela, pero no siente el frío. Ahí adentro todo está bien: la temperatura justa, el confort y la pulcritud. Cuando llega a Constitución desacelera. Anda lento, merodea, pues esta noche ha salido de cacería. Agudiza la vista porque las veredas están muy oscuras, pero él sabe que siempre hay alguien. Lo encontrará.

III


El sueño es un campo de trigo, que él trabaja. Un sol abrasador le da en la cara, y siente felicidad. Todo amarillo. Todo para él. Una mesa con mantel blanco como de un banquete. Tortas, vino y medias para ponerse, servidas en vasos altos, copas finas. Come y se va poniendo medias, una a una, una encima de la otra. Después la mesa desaparece o el campo se transforma, y es como una playa, en el que el sol quema, quema mucho, y es tanto, que sus pies empiezan a moverse. Es muy real lo que siente. Entonces despierta. No comprende. O sí… sus botas… su pantalón… el fuego sube desde allí abajo. Un dolor imposible, un grito que no logra desprenderse de la garganta y por fin el llanto. Reniega, se retuerce con espasmos e intenta con las manos apagarse el cuerpo. Pero la ropa también enciende. Pide ayuda. Suplica. Entre sollozos, con la vista nublada cree ver a alguien…. sí, es un hombre, parado frente a un auto negro, que parece una nave espacial. Lo está mirando, pero no hace nada. Por favor, llega a murmurar. Después, los ojos se le cierran. Y adentro encuentra refugio en el campo de trigo. Se alivia, pero el campo se incendia y lo devora en segundos como a una rama seca. Afuera, el hombre, solo ve un saco de huesos, un poco más de basura, en un basural. Pero adentro la luz por fin, y el alma se libera, mientras en la ciudad invaden las sombras.

Mariela Anastasio (Argentina 1979) es escritora, dramaturga y docente. Prof. de Comunicación Social, egresada de la UNLP.
Participó en festivales internacionales teatrales (España, Colombia, Perú, Bolivia, El Salvador, Brasil, Venezuela y Ecuador). Estrenó 13 obras en Argentina, 1 en Venezuela y 2 en España Invitada 3° Encuentro de Dramaturgia Femenina, Atenas 2021./ Participó del festival “Mujeres Parlantes”, Barcelona 2021/ Ganadora del Primer Premio del Concurso de Dramaturgia, Teatro Abierto (La Plata, 2020) / Finalista Certamen “Cabezas Parlantes” (Barcelona, 2020/ Edinburgh Spanish Film Festival, Octubre 2020 Edimburgo)/ Invitada por Ed, Invasoras para integrar “De los días sin abrazos” (Madrid, 2020). Publicada en la revista Lado (B)erlin (Alemania, 2020 ) Finalista Certamen “Carro de Baco” (Barcelona, 2020)/ Publicada en revista Literaria mexicana “Teresa Magazine” (Diciembre 2020)/ Seleccionada por Ed. Manticore, Certamen “Migrantes” (Gran Canaria 2019), Publicada en “La Patria de los Parias”, Ed. Invasoras (2019, Madrid)/ 1° Premio I Certamen de Microteatro de Horeca (Zaragoza, 2018) Seleccionada Microteatro Oficial de Barcelona (2018) Becaria del Fondo Nacional de las Artes (2019) Publicó dos libros, con el apoyo del INT: “Miscelánea de obras dramáticas” (2013) y “Breves domésticas” (2019). Club Hem, editó : “No será lo mismo” (Colección Emergente, 2018)

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