Kali Yuga
David Crauley
Kali Yuga: así se llamaba el siglo, también era el nombre de la ciudad. También se la conocía por la Gran Puta, pero nadie la llamaba así, simplemente solían decir: así es la vida, ¿qué demonios podemos hacer nosotros?
Sí, ¿qué demonios podíamos hacer nosotros? Intentar echar un polvo en un portal. Aparentar que éramos unos tíos cojonudos y desear que ellas no se dieran cuenta de que éramos cadáveres malogrados a un lado del camino de una guerra que ni siquiera habíamos peleado. Porque pensábamos que eran algo distinto. Pero estaban atrapadas en la misma ciénaga que nosotros. Soñando con ser más delgadas, más monas, más risueñas, más reales que los recortes de la prensa que coleccionaban con esmero.
Era el Kali Yuga y nadie comprendía muy bien lo que tenía en la cabeza. Todo iba y venía sin que te dieras cuenta; olía mal, sabía mal, te sentaba mal, pero deseabas más tan sólo para no sentirte jodidamente solo, en un punto intermedio, que no te había explicado como habías llegado, ni si tenía sentido proseguir. Te tocaba a ti resolver la cuestión; hacerlo sin miedo, hacerlo sin equivocarse: pero era difícil.
Recuerdo que, pese a todo, ellas eran mágicas. Eran hermosas, incluso, sin serlo en absoluto, a veces. Lo eran todo donde había de todo, pero nada que te hiciera bailar en la punta de una aguja sin desequilibrarte y caer. Ellas eran mágicas. Te sostenían en plena caída por un instante que era el tiempo que fue y el tiempo por venir y, mientras, te preguntabas como demonios lograste meterte entre sus piernas. No lo comprendías a la primera, porque ellas parecían más fuertes, más reales, más veloces y, sin duda, se daban perfecta cuenta de que tú eras sólo un trozo de algo roto, hundiéndose en un pozo sin deseos, ni sueños, ni esperanzas.
Pero ellas también estaban rotas y, en el momento que comprendías que estaban tan atrapadas como tú, sentías que Dios te había traicionado. El muy hijo de puta lo había estropeado todo. La vida era todavía más trágica porque la magia era doliente y estaba rota por dentro. Y giraba, sin sentido, dentro de una casa de muñecas que se había vuelto demasiado estrecha, como una trinchera a la que asomarse a la otra cara de la vida con amargura.
Recuerdo que empecé a interesarme por las mujeres en el mismo instante en que empecé a detestar a mi madre. Aunque no era animadversión, realmente, era más que eso: era una hierogamia invertida y mil dramas más, de la carne y el espíritu, tan arcaicos e incomprensibles como veraces.
Tenía que ocurrir, era lo que me decía, en algún momento tendría que odiarla y desterrarla y asesinarla. Mi propia supervivencia, mi propia cordura, estaba en juego, pendiendo de un hilo. Como si me hallara cautivo entre su matriz y el mundo de abajo que me engullía vorazmente. Un mundo abajo, que hedía y hería, por mucho que adornase mis alas con las luces privilegiadas de las bóvedas más elevadas de ese extraño cruce de caminos donde la locura era la compañía más razonable y creativa. Podía deambular noches y días enteros por los techos del caos primordial y gentil de deidades atronadoras y crueles, como una araña recién nacida, siempre hambriento de nuevos colores, voces, minutos, olores, pensamientos, estribillos, espejismos y, sin embargo, siempre me hallaba dividido, arraigado en las tripas de mi madre y proyectándome, al mismo tiempo, en las fauces tortuosas de una creación diabólica, postrada abajo, que me envilecía por dentro.
Y cuanto más crecía la rabia, cuanto más descendía peldaños y peldaños de pureza y espíritu, en aquella vorágine detestable de dolores y horrores, más ansías sentía de aniquilar a mi propia madre. Y cuanto más fantaseaba con destruir a mi progenitora, cuanto más me distanciaba de ella, más me acercaba a las demás mujeres.
Era el Kali Yuga y yo, desde luego, no comprendía lo que tenía en la cabeza. Como todos, sin siquiera intentarlo conscientemente, supongo que también terminé por aprender a decir: así es la vida, ¿qué demonios puedo hacer?

David Crauley is from Seville (Spain). He is a Graduate in Political Science. By profession a Graphic Designer. He has published several of his short stories in various literary publications in Spain and Latin America.